Cada uno tiene lo que merece

Penúltima entrega HFC - Publicación original: 13.12.2013

créditos imagen: http://www.74211.com

Para un equipo de fútbol no hay nada más gratificante que ganar un partido. Punto. Sin embargo, ganar un partido cuando hay algo tangible en juego, es un bálsamo que viene a subsanar cualquier herida provocada por derrotas anteriores. Esto, porque en la noche de ayer los hombres de Hilti tuvieron su revancha y escribieron su nombre dentro del triunvirato que controló las acciones de la segunda versión de la Copa Costa del Este, cerrando así, la participación del año 2013 en el ámbito deportivo.

Lo de ayer será una de esas jornadas que quedarán grabadas en las memorias de cada uno de los que defendieron los colores del equipo rojinegro, así como también de todos aquellos que fueron a alentar por última vez en este año al equipo que les quita el sueño. Ese equipo que levanta pasiones y desencadena emociones colectivas que determinan el estado de ánimo de la primera parte del día. Así es señores. Hilti ganó y ganó bien, por esta razón hoy por la mañana el sol fue más brillante, el pan fue más crujiente y el café fue más dulce. Ese es el sabor de la victoria.

El encuentro de ayer se vislumbraba complicado. Dos equipos que habiendo perdido sus opciones para levantar la Copa, se enfrentaban con animadversión. Su objetivo era claro: hacerse con el tercer escaño en los puestos de reconocimiento de la liga.

El ambiente era de ansiedad. Las molestias físicas, consecuencia de la acumulación de partidos también se instalaba en el campo de juego como el sexto jugador al cual había que derrotar. El inicio del juego fue complejo: ida y vuelta, muchos espacios. El equipo de los tornillos corrió más de lo esperado detrás de la pelotita mermando el físico y mente de los jugadores, situación que nunca estuvo dentro de los planes, ni mucho menos el primer gol recibido antes de acabar la primera mitad, marcador en contra con el cual vino el descanso.

El panorama era complejo: El rival anulaba los ataques. El equipo tenía poca profundidad: “no hacíamos daño”, así que sea lo que sea que estábamos haciendo, había que cambiarlo y así cómo si de comunicación telepática se tratara la decisión había sido tácitamente tomada: "señores, cambiamos el rombo: jugamos dos adelante y dos atrás". Luego una segunda revelación: no hay cambios, primero hay que empatarlo. Así fue como en menos de dos minutos, se tomaron dos decisiones que al final del día, marcarían el destino del juego.

En el fútbol, los goles no se merecen… se marcan. Y eso fue justamente lo que se hizo. Pese a que en el segundo tiempo el equipo de Halliburton puso un cerrojo en la defensa, la alegría vendría a los pocos minutos.

Como tocado por el cielo y cubierto de poderes místicos, Jorge el rompe-redes desató la furia del equipo rojinegro a través de una jugada personal en dónde luego de dejar con espasmos a la defensa rival, sacó un zapatazo furioso que terminó por derribar el muro instalado en la portería y pavimentó el camino de lo que sería una fiesta. Lo que vino después fueron marejadas y marejadas de ataques. Tiros certeros y jugadas hermosas que terminaron en las manos del portero, desviadas al tiro de esquina, en el poste o en el fondo de la red. Todos corrían, todos sudaban, todos cooperaban tanto como sus fuerzas y condiciones físicas les permitían… el objetivo se veía cada vez más cerca.

Corría el minuto 39 y el que viste de negro levantó las manos al cielo y pitó el final del partido. Todo era alegría, el equipo se fundió en felicitaciones y cómo símbolo de lo que somos… con el último aire, el grito de JourHilFanPro sonó fuerte … Era un carnaval y así fue como un ciclo se cerraba. HLA FC dio clases de coraje y compromiso, demostrando con su juego, ser prueba viviente de la fuerza de las convicciones y del trabajo en equipo. Porque al final del día, cada uno tiene lo que merece. Lo conseguido por el equipo de todos tiene un merecido valor.

Gracias a todas las personas que defendieron los colores esta temporada. Gracias a todos por jugar, gracias por tantos minutos compartidos y gracias por todas las emociones, por la mesura en la victoria y la entereza en la derrota. Gracias por encarnar y llevar el espíritu hiltiano al recuadro de caucho, ese en dónde semana a semana se nos pone a prueba y que nos recuerda que el límite es uno mismo…

High-Five camaradas.

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